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Me fascinaba. Hasta ese momento había pensado que era una señora muy simpática y amistosa, pero la prominencia de unos pechos que se adivinaban muy hermosos bajo esa blusa despertó un sentimiento extraño. Y entonces ella se desabrochó un botón de la blusa y luego otro y otro, muy despacio, mientras yo la miraba muy turbada y sin poder evitar quedarme boquiabierta. Cuando se quitó la blusa pude ver el sujetador blanco que ocultaba lo que tanto deseaba ver. En ese momento los pechos de una mujer me parecieron algo fascinante y extraño, aunque yo había visto cientos de veces mis pechos ante el espejo.

- Nunca he visto los pechos de otra mujer – le confesé.

- No te conformes con verlos – me invitó, y yo pasé un dedo por ellos, como inconsciente. Sorbí de nuevo su perfume y pensé que eran flores, y queriendo embriagarme de su aroma me acerqué mucho más, hasta que empecé a besarlos y a jugar con ellos con mis dedos con más decisión. Eran muy suaves y me gustaba hacerlo, aunque también me sentía extraña haciéndolo. Luego cayó el sujetador. Sus pezones grandes y rosados me turbaron aún más. Los miré fascinada hasta que ella me llevó a ellos muy suavemente, y los besé.

- Me gusta que me acaricies así – me dijo, y su voz era cada vez más suave y sensual.

Levanté la vista y su mirada era de deseo. Rodeó mis hombros con sus brazos y me atrajo a ella. Traté de resistirme un poco pero vi sus labios acercarse a mí y su mirada cálida.

- Déjate llevar... – me susurró.

Le hice caso y permití que se unieran nuestras bocas y probé la sensualidad de sus labios, que atrapaban los míos. La abracé mientras atrapaba mi lengua en su boca. Imposible decir cuánto duró aquel beso.

- ¿Te ha gustado, cariño? – me preguntó con voz lánguida.

- Mucho – respondí simplemente. Esto es lo que hubiera ocurrido en mi sueño de haber seguido. Nunca me habían dado un beso así y quise probarlo de nuevo. Volví a besarla pero con más ansia y decisión, buscando su lengua con la mía como si quisiera devorarla.

Ella se rió y seguimos besándonos. Finalmente me había dejado llevar y la seguí, confiada, hasta su dormitorio y sin dejar de besarla, sabiendo lo que ocurriría allí...

 

Abrí los ojos y de nuevo estaba soñando, porque yo yacía desnuda sobre una manta y entre mis piernas había la cabeza de una hermosa mujer, mayor que yo, que tenía los ojos cerrados y besaba y lamía con ansiedad mi sexo. Pero había algo en este sueño que era distinto. No era un simple imagen ante mis ojos sino que sentía la humedad cálida de mi entrepierna. Y el placer era real, mucho más real que en el otro sueño, y me atravesaba tan intensamente como pueda hacerlo el dolor, y ya no dudé que era verdad. Cuando traté de despertar...

- Ahhhh.

Gemí de placer y cerré de nuevo los ojos, pero nada desapareció. Volví a ver su cara entre mis piernas y entonces ella abrió los ojos y me miró de una forma tan escandalosa, tan llena de deseo, que me perturbó toda.

- ¿Te gusta?

- Me gusta... – le dije. Ya no quería que terminará el sueño y ella tampoco. No podía ver aquella carne húmeda y suave que era su lengua, pero sabía que me daba un placer que nunca había alcanzado con mis propios dedos... Agarraba con las manos la almohada y, hundiendo las uñas en ella, me retorcía de placer. Deseaba el final y lo temía al mismo tiempo. Me abandoné y empecé a jadear y luego a gemir, porque sentía mi sexo abrasarse y ese calor lo sentía llegar desde mis piernas hasta el cuello.

Llegó el final y gemí y apreté los dientes mientras los músculos de mi cuerpo dejaban de responderme. Ni siquiera podía mover mi cuello y miraba al techo hasta que ella se incorporó y su cuerpo desnudo se tendió sobre el mío y me atrapó bajo ella. Sus pechos caían sobre los míos cuando, al besarnos, sentí algo de mi propia humedad en sus labios y supe muy pronto que no era sino el final de una primera parte porque podría haber mucho más aquella noche... y así fue, porque que ella tuvo todo lo que quiso de mí, y volví a soñar mientras era mi boca la que estaba entre sus piernas y saboreaba la carne húmeda se su sexo.

 

El sueño había terminado y yo había despertado desnuda y en una cama ajena. Nos vestimos en silencio, yo muy confusa y ella muy tranquila. Quise confesarme...

- ¿Sabes? Había soñado con esto. – Y le conté mi sueño, que no dejó de oír mientras se ponía el sujetador y acababa de vestirse. También le hablé de mis dudas y de cómo me sentía ahora mucho mejor. Ella me sonrió pero luego se puso seria.

- Es mejor no ignorar un sueño – dijo.

Miré el reloj y era la hora de que volviese a casa si no quería una discusión con mis padres. Me di cuenta de que ella salía conmigo y eso me extrañó.

- Es que tengo que volver a casa – me dijo. – No te sorprendas, tengo unos hijos y un marido que me esperan.

¡Vaya sorpresa: casada y con hijos! Debí quedarme otra vez boquiabierta; eran demasiadas sorpresas para mí en una misma noche. No me atreví a preguntar ni opinar nada, no me parecía adecuado, pero ella mismo continuó hablando, aunque en un tono bastante resignado.

- No te sorprendas. Digamos que yo también tuve un sueño pero luego lo olvidé... y desperté un día con un marido y unos hijos, a los que estoy atada y a los quiero... Pero también deseo hacer otras cosas y ahora sólo puedo soñar furtivamente y llevar una doble vida.

Callé pero me dije que no me ocurriría lo mismo. Sería lo mejor que aceptara que era distinta a como pensaba, quizás fuera doloroso y difícil pero bien valía la pena... En ese momento me sentí muy decidida.

- ¿Volveremos a vernos? – le pregunté.

- Claro – me dijo con una sonrisa y dándome un último beso en los labios. – Todavía puedo enseñarte muchas cosas – añadió, y decía la verdad... - ¿Tienes ya mi número de teléfono?

 

Ya en mi casa, dormí esa noche muy tranquila y en paz. Al despertar no había soñado nada pero recordé lo ocurrido y quise que se repitiera. Estaba sola pero no importaba. Cerré los ojos y con mi mente y mis manos repetí la experiencia en mi imaginación, sin dolor y sin culpa, esperando el momento de que fuese nuevamente real.

 

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