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-Acércate ¡Y bájate los
calzoncillos, por Diooooos! ¿Por qué eres tan estúpido? -dijo mientras apagaba
el cigarrillo en un cenicero. Me acerqué hasta poner mi entrepierna a la altura
de su cara-. Siéntate, Javier, que si te la hago de parado vas a hacer un
desastre.
Me senté y me corrí un poco los calzones. Mi pija estaba dormida en ese momento,
aunque empecé a sentir el cosquilleo que antecede a la erección. Mi tía se
arrodilló frente mío y deslizó su mano por mi pierna mientras me miraba con ojos
cómplices. Llegó hasta mi polla y empezó a masajearla. En pocos segundos estaba
tan dura como antes. Mi tía Gladys empezó a masturbarme suave, bajando y
subiendo su mano derecha lentamente. Se metió la izquierda por debajo de la
sudadera y pareció que se pellizcaba los pezones. Cerré los ojos y me dejé
llevar. El placer que sentía era incomparable. Me olvidé que esa mujer era mi
tía. Era una experta, al parecer, en las pajas. Me atrevía a acariciarle su
cabeza mientras ella murmuraba cosas como "Mi hombrecito", "¿Te gusta,
capullo?", "¡Qué duro lo tienes, hijoputa!" o "¿Ya sale?".
-Tía, que me corro... -dije yo en medio del goce, mientras sentía que la leche
subía por mi pija super dura y mi mano se deslizaba hacia su boca.
-Pues córrete, bombón... -dijo ella y empezó a lamerme los dedos con su boca
calentita
Un grueso chorro blanco de semen salió de la punta mi chota. La leche salió y
salió. La mano de mi tía quedó embadurnada y toda pegajosa con mi eyaculación.
Siguió frotándome la pija un rato más, mientras salían unas otras cuantas gotas
de esperma.
-Parece que lo disfrutaste ¿Te gustó, mamón?
-Ahhhh... mucho tía. Gracias por haberlo hecho...
-De nada, hijito, que para eso estoy ¿Acaso esto no es mejor que masturbarte tú
mismo?
-Siii... tía...
-¡Vaya! Estás como drogado ¿Tanto te ha gustado? ¿No quieres otra?
-¡Si! -no podía creerlo -. por favor tía. Hazlo como lo hiciste, por favor...
Entonces empezó a frotarme bien rápido la puntita con su dedo pulgar. Empezó a
subir y bajar la otra mano, sin dejarme de acariciar la punta, ahora que mi
chota estaba bien lubricada con mi esperma. Como se agachó lo suficiente pude
ver por el cuello de su remera que no estaba llevando sostén, y que sus pezones
estaban bien duritos. En una revista porno había leído que eso le pasaba a las
mujeres cuando se excitaban.
Mi tía seguía con su tarea de hacerme acabar y yo decía, completamente fuera de
mí, cosas al estilo de "Asiiii...", "Hazme acabar tíaaaaa...", "¡Qué buenas
pajas que haces, tía Gladys!". Por fin, otro chorro de leche un poco más chico
pero igual de pegajoso que el anterior, salió de mi pene. La vista se me hizo
borrosa, y me quedé mirando el techo, mientra mi tía seguía masajeándome
suavemente. Le acaricié la cabeza a mi tía. Ella me miró y yo le sonreí.
-¿Te gustó, Javier?
-Mucho, tía. Gracias.
-Bueno, espero que de ahora en más me hagas caso y me llames cada vez que estés
excitado. Entonces yo le haré mimos a tu pito y se te pasará.
-Bueno, tía...
Desde ese día la vida en casa de mis tías se volvió mucho más exitante. Luego
entró en juego mi tía Nora, pero eso lo dejo para después...
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