Me incorporé y me fui al baño a asearme, estaba satisfecha pero a la vez pensaba que era una locura lo que había pasado, me había dejado poseer por dos hombres y mi cuerpo solo se había excitado y lo había disfrutado. Ahora estaba boca arriba mientras el me besaba la boca, cara y cuello, la blusa estaba a mi cintura enredada con la falda y una de sus manos hacía a un lado mi pequeña prenda íntima que me quedaba puesta en mi lugar hurgando con sus dedos, pronto sentí su verga que buscaba mi hendidura penetrándome fuertemente, mi cuerpo se agitaba ante sus embestidas, mientras me mordisqueaba mis pezones duros y tensos y mis pechos, erectos de excitación. Dímelo putita, me arremetía. Al llegar a la recámara me sentía nerviosa pero a la vez excitada por la situación, así que bajé con el dinero. Me convenció y así con la mayor vergüenza acepté, salimos a pasear, a comer y finalmente al cine, recuerdo que en esa ocasión aprovechando la penumbra y la escasa gente, me manoseó, me levantó la falda, me hizo abrir las piernas y me masturbó, fue algo insólito, nunca habíamos hecho algo así y me dejé hacer, también se sacó el miembro de su pantalón y me hizo masturbarlo, mi blusa me la levantó dejando mis senos expuestos y acariciarlos a su antojo, en ese momento nada me importó y lo dejé que se satisficiera, todo terminó en un gran orgasmo mutuo con las solas caricias. Eso pasó y nadamas, pero solo fue un comienzo a mi nueva vida sexual, una mañana en que me encontraba en casa haciendo limpieza, llegó este hombre y me dijo que traía ropa que mostrarme, dudé un poco ya que me encontraba en fachas de limpieza, un pantalón normal y una playera grande, nada sensual, lo hice pasar y metió su cargamentto, me mostró diversas ropas, vestidos, faldas, blusas, etc. |