Mi madre me estaba mirando. Sin separar su pene de mi culo, sus manos fueron bajando por mis costados hasta que las dejó en mi cintura donde me agarraron y me atrajeron más aun hacía él. Estuve a punto de largarme, aquello era demasiado peligroso, pero mi padre se abrió sitio entre las piernas de mamá y se puso a comerle el chocho de una manera tan escandalosa que no pude evitar quedarme y seguir tocándome. Yo estaba quieto de nuevo, con mi pene entrando y saliendo de la vagina de mi madre y con el pene de mi padre entrando y saliendo de mi culo. Las dos pollas entraban y salían cada vez más rápido y los besos no escaseaban. ¡Hola hijo! Dijo mamá con la sonrisa de una borracha. |