¡Dame fuerte! – Le pedía a su joven amante. Los saqué y los separé. Aún no sabía como era ella, pero en breve me enteraría. Hablaban de todo un poco. Tomé una en la que un tipo se tiraba a dos hermosas mujeres y mientras imaginaba que Maite y mi madre eran aquellas, me acariciaba hasta conseguir descargar intensamente mi semen sobre el frío e inerte inodoro. Las imaginé en la cama con un consolador, dándose placer mutuamente y mi erección empezó a ser evidente. |