Sin separar su pene de mi culo, sus manos fueron bajando por mis costados hasta que las dejó en mi cintura donde me agarraron y me atrajeron más aun hacía él. Se incorporó con algo de dificultad e, impidiéndole a mi padre seguir con el cunnilingus, se acercó hasta la puerta y la abrió. Había un montón de sitios donde acostarse allí y, en lugar de hacerlo sobre uno de ellos, habían preferido tumbarse enfrente de la puerta donde estaba escondido yo, a menos de un metro de mí. Imaginaba lo que iba a ocurrir a continuación. Clavó su pene como nunca antes lo había hecho y pude sentir como su semen llenaba mis tripas. Nunca en mi vida se me había ocurrido tener algo con un hombre, y menos con mi padre, pero esa vez no me importó. |