Ella se relamía con los ojos cerrados mientras su cuerpo se movía al ritmo que imponía su superior, sus grandes pechos con los pezones apuntando al suelo se balanceaban suavemente mientras el sudor recorría el canalillo para caer finalmente al suelo en forma de gotas. Tenía tres jardines, uno en la entrada, pequeño por el que discurría un sendero de piedras planas hasta la puerta principal. Bajo ella no llevaba sujetador y podían verse sus grandes pechos firmes con pezón y aureolas grandes y rosados, una cicatriz bajo su seno derecho que le llegaba muy abajo y un colgante con una cruz griega en medio de los dos pechos, Misato guiñó su ojo derecho con picardía. Será mejor que me salga o eyacularé demasiado pronto. Asuka retiró su mano de su boca y la miró a los ojos con los suyos azules, ambas muy sonrojadas de diferente tipo de excitación. Sí, parece que al fin se dieron cuenta de que nos merecíamos algo mejor. |