Me corrí y esta vez no pude evitar echarle mis gotas de leche dentro, estaba tan caliente y húmedo que era una delicia hacerlo allí dentro. Sin resistirme más me levanté y ni corto ni perezoso me bajé las bermudas y los calzoncillos, dejándo al áire mi querida y dura alcallata. Bajé a su coño y comencé a comérselo y por fin terminó de consolarse. Recuerdo que la madre estaba bastante buena, especialmente me gustaban sus pechos, ni muy grandes ni muy chicos, con su tamaño justo, encima le gustaba vestir con ropa ajustada, transparente y escotes pronunciados. Por la tarde nos bajamos a la piscina con mi madre y allí me dediqué a jugar con Luisa en el agua. Poco a poco la iba moviendo adelante y atrás, sin meterla mucho, Luisa empezó a disfrutar, así que seguí y seguí, y casi sin darme llegué al orgasmo, la saqué justo a tiempo y me corrí en su barriguita. |