Las palabras de Marta me iban a hacer estallar brutalmente de un momento a otro, entonces apretó con fuerza su coño estrujándome la polla como si fuera mantequilla. Elena y yo tomamos la noticia con sorpresa, pero por extraño que parezca no nos asustamos. Pasaron un par de días sin trascendencia ninguna en nuestras vidas cotidianas, aunque si en mi vida mental. Esa noche me fui pronto a la cama. Bueno, sí, sí, podría decirse que sí. La relación que siempre había existido entre Marta y nosotros era de total confianza, si bien algunas cosas las reservaba más a su madre, por eso de ser mujeres, pero sin problemas podía consultarme a mí llegado el momento. |