En nuestra sociedad no estaba perseguida la homosexualidad pero una cosa era dar por culo a tu propio esclavo y otra muy distinta enamorarse de él. Di media vuelta, me subí en mi litera y ordené a mis nubios que regresáramos a casa. Y lo hacían. KAMEN. ―Me conformaré con diez esclavos. Me senté en el banco y noté en mis nalgas y en la cara anterior de mis muslos la agradable calentura de la piedra. |