Te observaré largamente y sostendrás mi mirada. no debo, se que no debo, me decía una vocecilla. No debería, pensé por última vez, al recorrer tu, tus curvas piel, las curvas de ese cuerpo apenas entrevisto durante los instantes que encendió el candil. Mi lengua recorrió todo tu sexo recogiendo los fluidos derramados y luego me deslicé lentamente hacia arriba, tocando tu cuerpo, entreteniéndome en tus pechos, besando tu cuello y tus hombros, tus orejas y tus ojos, con la intención de distraerte de lo que venía, mientras acomodaba mi verga en la entrada de tu sexo. Luego te quitaste la falda y una de tus manos se deslizó dentro de la braga, acariciando apenas. Finalmente, en el último bar, pondrás la mano sobre mi bulto, acariciándolo, haciéndolo crecer bajo tu mano. |