Necesitaba su piel. Nos atacamos al mismo tiempo y terminamos revolcándonos por el piso, refregando los muslos contra las rajas hambrientas, furiosamente abrazadas. Entonces se tocaron los labios, muy suavemente, luego un poco más y luego fue el turno de trabarnos en un tímido duelo de lenguas, para terminar, quien sabe cuando, chupándonos boca a boca con desesperada furia, hasta que acabamos por ir al suelo donde nos revolcamos salvajemente, mordiendo, besando, tironeando y acariciando. Inmediatamente pude apreciar que era una rubia de ojos celestes y piel blanca con unas tetas y un culo perfectos. Se me pasó por la cabeza que me quería violar. Estábamos desnudas, frente a frente, y yo no sabía si íbamos a amarnos o a golpearnos. |