Su misma timidez provoca que su jefa abuse de ella, dando por resultado que ella se sienta más aplastada cada día. Yo me abalancé sobre la cuerda pero no la alcancé. Ella me jaló hasta el suelo y volvió a poner su vagina sobre mi boca. Por un momento olvidé que estaba representando un papel y me dejé conquistar por ese aroma y ese sabor que salía de su vagina. Sara se paseó alrededor de mi, pellizcando mis nalgas, metiéndome un dedo en el ano e incluso golpeando mis muslos. Sara volteó a mirarme y una sonrisa de deseo se impregnó en su cara. |