Mi otra mano bajó. Llena de nerviosismo y entonces mis labios tocaron a los suyos en un primer beso tan infantil e inocente como lo era ella. Si… los monstruos habitamos su mundo, convivimos con ustedes, les mostramos cosas que jamás imaginaron. curiosidad, la misma que los sacó del paraíso. Me desnudé frente a ella y nos fundimos en un nuevo abrazo, en una nueva existencia, y entonces fue cuando lo supe… y acabó la magia…Me ardían los ojos, la luz potente de aquella mañana de abril dieron por terminado mi sueño de una forma un tanto brusca, pero lo sabía en un momento, sabía que era un sueño, y en esa conciencia todo se había desvanecido, si tan sólo hubiera dormido lejos de la ventana, pero no había espacio, Rodrigo y Mauricio en la cama, Fernando y Ulises en el suelo, arrinconados, y el único espacio restante era para mí. Nos sentamos y nos pusimos a comer. |