Pasado un tiempo ella volvió para retirar la cera y permitir un nuevo intento. Ante mis ojos apareció una linda morena de gafas y con una postura encorvada que delataba la opresión que sufría día a día. Los ojos de Sara iban de Hugo a mi y de vuelta a él. Yo me sumí en su entrepierna y le apliqué un gran trabajo oral. Hola – dijo tímidamente con una medio sonrisa dibujada en su rostro. Pegué un aullido de dolor, y un estremecimiento de mi cuerpo provocó que cayera el resto de la cera. |