La miré y ella a mí. Entonces él agarró a mi madre por el pelo y la forzó a arrodillarse junto a él. Mi madre, mientras tanto, se empezaba a desnudar. Él la folló un poco más hasta que se desplomó en la cama agotada por el placer. La observé mientras iba y venía de la cocina y estaba algo rellenita, pero mantenía una buena figura. Además era incansable, no bajaba el ritmo y hacía que Maite tuviera un orgasmo tras otro de forma incontenible, sus gritos inundaban toda la habitación. |